lunes, 5 de enero de 2009

Más Madoff

La sucesión de nefastos acontecimientos en el sector financiero, con el escándalo Madoff como colofón, descubre la necesidad de recuperar la esencia de lo éticamente correcto y de lo éticamente reprobable más que cambios normativos.
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Tras las elecciones italianas, Romano Prodi se despedía y parafraseando a Cicerón, afirmaba que el problema no lo tenemos con las leyes, sino con las costumbres. Una especie de o tempora o mores (¡oh tiempos, oh costumbres!) de la primera de sus Catilinarias.
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Y, en efecto, es una afirmación que se adapta bastante bien a alguna de las paradojas que rigen la res publica. En España por ejemplo, en la pasada legislatura se aprobó la Ley de Igualdad. Lástima que, tras su entrada en vigor, hoy haya menos diputadas en el Congreso que en la legislatura anterior. Buenas leyes, malos hábitos… públicos y privados.Y tras el desencadenamiento de la crisis financiera ¿tenemos un problema de reglas o de comportamientos? ¿Es necesario un 'aparejo' más desarrollado de normas? ¿Son insuficientes las reglas o es que hace falta más vigilancia (supervisión) y observancia (ética)?
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Ya se reveló como factor crítico, en el caso Enron, la separación entre el consultor y el auditor y qué ocurre cuando el gestor interpreta con notables dosis de imaginación las normas contables, actúa un auditor en connivencia y el supervisor de mercado no se entera… a tiempo. Y lo mismo se podría decir ahora del papel de las agencias calificadoras, máxime si en la práctica se trata de un duopolio.
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Ha quebrado el paradigma de los mercados en equilibrio perfecto por el comportamiento racional de los operadores que actúan con transparencia en su sumatorio de los propios intereses y que se autorregulan.
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En definitiva, se impone recuperar la esencia de lo éticamente correcto, de lo éticamente reprobable y la proporcionalidad del castigo en función del daño y del propósito de enmienda. Y conviene recordar, que no hay capitalismo sin riesgo, ni economía sin ciclos; y la codicia acecha tras la más seráfica propensión al interés propio.

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