miércoles, 22 de abril de 2009

Las Escuelas de Negocios, a examen.

Tener un máster en Administración y Dirección de Empresas, un MBA, siempre ha sido un pasaporte para ascender en el escalafón directivo o conseguir un buen puesto, y si encima iba firmado por una prestigiosa escuela de negocios, el pedigrí del candidato se elevaba inmediatamente.
Las empresas han confiado ciegamente en las escuelas de negocios, hasta el punto de dar por buena toda la formación que imparten, sin cuestionarse nada más.
Parte del crecimiento empresarial de los últimos años se debe, según los analistas, al apetito voraz de esta nueva clase ejecutiva que estaba dispuesta a comerse el mundo.
Pero algo ha fallado. Los cimientos se han tambaleado y a muchos tanto apetito voraz se les está indigestando. La crisis económica, acuciada por la caída de las empresas financieras, está poniendo en entredicho la formación recibida por los gestores.
Y ahí es donde las escuelas de negocios han de asumir una parte de responsabilidad. En efecto, no podemos echar la vista a un lado ni presumir de que todos los directivos han salido de nuestras escuelas cuando todo va bien, y cuando hay un fallo sistemático del sector financiero no podemos decir que no fue culpa nuestra. Algunos pueden decir que no estan para enseñar valores, sino teorías, pero todas las teorías están cargadas de valores y en muchos casos no son correctas.
Lo cierto es que el currículo de las escuelas de negocios ha estado dominado por una visión economicista simplista para hacer modelos matemáticos con consecuencia en los valores.
Otro ejemplo tiene que ver con el modelo de Michael Porter sobre las cinco fuerzas que influyen en la estrategia competitiva de una compañía y determinan las consecuencias de su rentabilidad a largo plazo. Cuando escarbas en esta teoría, te dice que extraes valor si compites con tus clientes, si exprimes a tus proveedores. ¿Tienes que explotar a tu clientes?, ¿Google explota a sus clientes? No, crea valor para ellos. Cuando indagas ves que las cinco fuerzas tienen unos valores que no se sostienen.
El objetivo no puede ser únicamente, crear valor para el accionista. En España, si se derrumba la banca, ¿quién paga los platos rotos, el accionista o el contribuyente?, ¿y la gente que pierde su empleo?.
En definitiva, habrá que pensar otra manera de definir la responsabilidad del directivo y no pensar que hay que crear únicamente valor para el accionista.
En esta misma línea, el Pacto Global de Naciones Unidas ha lanzado unos principios para la educación responsable en gestión, a la que se han sumado 223 instituciones académicas, entre las que se encuentran las principales escuelas de negocios españolas.
Los MBA deben volcarse en los conceptos de innovación y en formar a emprendedores. La crisis es un buen momento para realizar una cura de humildad en las escuelas de negocios, donde ha habido cierta arrogancia, y ahora tenemos que ligar la investigación y la enseñanza a las necesidades de los líderes.
Las escuelas de negocios tienen el deber de aportar un diagnóstico y un análisis sobre lo que está pasando.
Hay muchos individuos que sólo han tenido en cuenta los incentivos y en función de ello han tomado decisiones. No se puede acusar sólo al directivo o a los teóricos que han propuesto que buscar el valor para el accionista es la mejor manera de concebir la empresa, sino también del accionista, que cuando las cosas iban bien nunca dijo nada.
La ética debe estar en tu relación con la competencia, en cómo lanzas un productos, en cualquier decisión que tomas como empresario.
Los gestores caídos también tenían un máster. Estar en posesión de un máster adorna el currículo de muchos, pero esto no significa que sea un aval de buena gestión. Por ejemplo, Richard Fuld, presidente de Lehman Brothers, anota en su expediente académico un MBA por la Universidad de Nueva York. Franklin Raines, presidente de la también caída Fannie Mae, estudió en la prestigiosa facultad de Derecho de Harvard, institución que aparece en muchos rankings como la mejor del mundo y que no está adscrita a los principios para la educación responsable en gestión, iniciativa impulsada por Naciones Unidas, aunque sí ha decidido participar en el debate.

Principios éticos y de conducta deseable en el futuro:

  1. Formación responsable
  2. Desarrollar las capacidades de los alumnos para aportar valor sostenible para los negocios y la sociedad
  3. Se incorporarán a las actividades académicas los valores de la responsabilidad social global
  4. Se creará un marco educativo que favorezca el liderazgo responsable
  5. Se realizará una investigación de concepto para mejorar la creación de valor sostenible social, ambiental y económico
  6. Se interactuará con los gestores de empresas para ampliar el conocimiento de sus desafíos para cumplir con sus responsabilidades sociales
  7. Se apoyará el diálogo y el debate con todos los agentes.

La Caixa también se apunta al término Código Ético

La Caixa ha aprobado un nuevo Código de Valores Éticos que revisa y actualiza el anterior.
El texto - que recibió el visto bueno del consejo de administración el 19 de marzo- aglutina los valores, principios y las normas de conducta de la entidad. Los valores que refleja el nuevo código son los de confianza, compromiso social y excelencia en el servicio. Estos valores tienen su reflejo en unos principios de actuación que se resumen en integridad, confidencialidad, respeto por las personas y las culturas, responsabilidad personal, transparencia, trabajo en equipo, servicio a los clientes y responsabilidad social.
El anterior código iba dirigido a los empleados y hacía hincapié en su actuación profesional, mientras que el nuevo va más allá, supone un compromiso público de La Caixa y tiene en cuenta los acuerdos de la entidad con organismos internacionales, asumiendo normas como el pacto Mundial o los principios de Ecuador.
Otro de los motivos del cambio es que desde que en 1990 se implantó el anterior código la sociedad ha evolucionado y ahora tiene nuevas sensibilidades, como la medioambiental o la de igualdad de género.
La Caixa también ha cambiado. Por ejemplo, su plan estratégico prevé el desarrollo del negocio de empresa, de banca privada e internacional, y eso ha motivado la incorporación de nuevas normas". En el nuevo redactado tiene especial importancia la labor desarrollada a través de la Obra Social como mecanismo para revertir en la sociedad una parte de los beneficios obtenidos con la actividad financiera. Sólo este año el presupuesto de obra social es de 500 millones de euros, igual que en el ejercicio pasado, pese a la actual coyuntura financiera.
Así, La Caixa se mantiene como la entidad líder en España en obra social y una de las primeras en el mundo. En esta misma línea, destaca la actividad realizada a través de MicroBank, el banco de La Caixa que da microcréditos para ayudar a fomentar la actividad productiva, la creación de empleo y el desarrollo personal.
El texto aprobado exige a los empleados de la entidad la satisfacción de los clientes. Actualmente, La Caixa es una entidad con un nivel bajo de quejas. La ratio de quejas por cada mil millones de euros de negocio es del 0,2, la más baja entre los grandes bancos y cajas de ahorros. La lucha contra el blanqueo de capitales merece también un capítulo, en que se establece la obligatoriedad por parte de los empleados, directivos y administradores de luchar contra ese delito. Para conseguirlo, la entidad ofrecerá a sus empleados una formación específica.
Otro de los aspectos que recoge es la protección de la información personal y privada de clientes, así como la transparencia. La entidad también anima a sus empleados a participar en actividades comunitarias.

El otro "Crash"

¿Cuál es el escenario en el que nos estamos viendo inmersos, cada día con más certidumbre, cada vez con mayor dramatismo?
Los datos son inequívocos. Estancamiento, en el mejor de los casos, o decrecimiento del producto interior bruto (PIB); aumento del desempleo, galopante en varias economías, por ejemplo en la española; caída generalizada de la inversión; hundimiento del consumo; oferta de crédito muy inferior a las necesidades que de crédito existen.
¿Qué está sucediendo? ¿Por qué está sucediendo?
En la evolución temporal de los sistemas económicos se dan dos tipos de tensiones. Algunas se pueden solucionar con relativa facilidad, pues para hacerles frente es suficiente con variar uno, o a lo sumo dos, parámetros económicos; otras tensiones del sistema económico, en cambio, suelen tener una evolución demoledora.
Las primeras, las recesiones coyunturales, pueden ser puntualmente intensas, pero, cuando menos, tienen la virtud de ser relativamente breves; las segundas, por el contrario, son intensas, prolongadas, dramáticas.
A lo largo de la historia, el número de esta segunda clase de tensiones es escaso, pero su duración puede dilatarse largamente en el tiempo. Son las crisis sistémicas. Las crisis sistémicas se caracterizan porque al estallar afectan al propio funcionamiento del sistema y a fin de salir de ellas es preciso sustituir o modificar en profundidad algunos elementos constitutivos del mismo, de forma que se introduzca en él una nueva forma de operar.
La crisis de 1929, que condujo a la Gran Depresión, fue de estas características. La crisis ante la que ahora nos hallamos también lo es. El crash de 1929 se produjo porque el modo de funcionamiento del sistema se agotó: el incremento tan elevado de la productividad habido a partir de 1923 dio lugar a una oferta que no pudo ser absorbida por la demanda, porque ésta era limitada e insuficiente; los instrumentos que se aplicaron, tratando de revertir la situación, no funcionaron debido precisamente a que eran hijos de la situación que pretendían arreglar y, en consecuencia, estaban viciados por ella. La verdadera solución de esa crisis no llegó en realidad hasta 1950, cuando se dotó al sistema de una nueva forma de funcionar.
Actualmente está sucediendo algo muy semejante. El impulso creado por los cambios introducidos en el sistema a partir de 1950 quedó agotado en 1973, que es el momento en el cual se hizo patente que el precio de las commodities, en especial el precio del petróleo, no iba a continuar siendo tan bajo como hasta entonces. Como reacción, se introdujeron cambios que permitieron mejorar la productividad, pero el resultado de ese incremento fue la desvinculación del crecimiento económico de la creación de empleo, y esta circunstancia acabó incidiendo en el equilibrio entre la oferta y la demanda, en un entorno de creciente inestabilidad monetaria.
La solución a este problema no resuelto llegó en 1991 y quedó reforzada en 2002. Fue ingeniosa y simple: los problemas se resolvieron con un aumento exponencial del volumen de crédito concedido a familias y empresas; y el resultado fue brillante: la inversión aumentó, a la vez que lo hacía el consumo, mientras que el desempleo provocado por la oleada de deslocalizaciones fue en parte enjugado por un sector servicios en constante progresión.Entre el año 2003 y mediados de 2007, con unos tipos de interés excepcionalmente reducidos, y con una, en la práctica, total liberalización en el tránsito de capitales, el PIB comenzó a crecer empujado por la inversión y por el consumo, a la vez que la deuda privada se disparaba en todas las economías, aunque en unas más que en otras. El desenlace es conocido.
Hoy hemos alcanzado un momento en el que este modo de operar se ha agotado. Y no es que se haya agotado desde una perspectiva sólo financiera, sino que lo ha hecho en un nivel puramente físico: el grado de endeudamiento de las personas y de las empresas ya no puede crecer más. Sin ir más lejos, en el caso de España, el endeudamiento familiar y empresarial supera en dos veces el valor añadido que la economía española genera en un año. Y en el caso de Estados Unidos, el endeudamiento es mayor que el valor de la producción estadounidense correspondiente a bastante más de tres años. No es posible que todo ese volumen de deuda continúe creciendo. Pero a la vez, no es posible que se continúen despilfarrando recursos tal como se han estado despilfarrando hasta ahora. Y no es posible, no sólo desde el punto de vista de la ecología, sino por mera eficiencia del propio sistema.
El actual modo de funcionamiento del sistema productivo, desde su mismo origen, fue altamente despilfarrador. Partía de una base errónea, ya que suponía que la cantidad de recursos de los que podía disponer era ilimitada. De todos los recursos, desde el petróleo hasta el uranio, desde el cobre hasta el agua. Por consiguiente, el modo de producción puesto en funcionamiento por nuestro sistema no se paraba a pensar en la eficiencia en el uso de tales recursos. En todo caso, la preocupación era, tan solo, cómo obtener los recursos precisos al más bajo precio posible. Y debido a que durante muchos años el precio de las commodities fue muy reducido, la eficiencia en el uso de los recursos continuó brillando por su ausencia. La crisis de 1973 concienció a las fuerzas productivas de que la productividad tenía que mejorarse porque el precio de los recursos comenzó a aumentar, pero las fuerzas productivas continuaron actuando como si la cantidad disponible de recursos fuera infinita, lo que no es cierto. No lo era entonces ni lo es ahora. Hoy se sabe que el número de años durante los que podremos disponer de petróleo o de uranio a un precio asumible es muy limitado, y que el agua potable es cada vez más escasa, y que el cobre fácil de obtener no es infinito. El cambio sistémico que traerá la crisis que estamos comenzando a padecer y que se pondrá de manifiesto de forma especialmente dramática a mediados de 2010 nos hará desembocar en una situación en la que, tarde o temprano, el propio sistema comprenderá que los remedios que se han ido estableciendo desde el año 2007 no sirven de nada.
Y cuando por fin llegue ese momento, la salida de la gravísima y terrible situación a la que el mundo se enfrenta tendrá que consistir en la toma de conciencia de algo que deberíamos haber comprendido hace tiempo. A saber: que la eficiencia en el uso de los recursos debe regir de forma prioritaria la toma de decisiones, y que es a través de la mejora continuada de la productividad como se pueden conseguir los cambios necesarios para ver la salida de la crisis. Dicho así no suena mal: hay que acabar con el despilfarro, tenemos que ser más ecológicos, debemos utilizar los recursos de forma muy productiva. No suena mal, pero todos, Gobiernos, empresas y ciudadanos, debemos comprender y aceptar que para funcionar de ese modo tenemos que aplicar cambios drásticos y profundos, que afectarán muy notablemente a nuestro modo de vida. Y son unos cambios que tendrán que ser, además, permanentes. Introducir esos cambios, teniendo en cuenta que son de gran calibre, no es sencillo para nadie. Ni sencillo ni agradable, sobre todo al principio.

Gas Natural aprueba un nuevo código ético para empleados y proveedores

El Consejo de Administración de Gas Natural ha aprobado los contenidos del nuevo Código Ético del Grupo, que recoge los compromisos asumidos por la compañía y actualiza los contenidos del Código de Conducta que estaba en vigor desde 2005. (uno de los servicios promovidos desde nuestra Empresa http://www.eticaconsultores.es/)
La aprobación de este nuevo código, está en línea con las recomendaciones internacionales más avanzadas en materia de buen gobierno y responsabilidad corporativa.
El documento adquiere el nombre de Código Ético. Pone el acento en cuestiones relacionadas con el comportamiento ético y el cumplimiento normativo y hace explícito el compromiso de Gas Natural con la honestidad y la integridad.
Está a disposición de todos los empleados en la intranet del Grupo, se puede consultar también en la web corporativa (http://www.gasnatural.com/) y se distribuye entre los principales proveedores. Incluye nuevos capítulos relacionados con la corrupción y el soborno o el blanqueo de capitales y presta una especial atención al papel de proveedores, contratistas y empresas colaboradoras, y a la importancia de identificar, prevenir y gestionar los conflictos de intereses.
Por último, enfatiza la necesidad de que todos los empleados colaboren para prevenir la aparición de malas prácticas y refuerza la obligación colectiva de comunicar, a través de los canales disponibles, las actuaciones contrarias a las disposiciones del Código Ético que pudieran observarse en la compañía.

martes, 21 de abril de 2009

Como Heineken.............. Dell también piensa en verde.

La empresa de tecnología Dell ha sido elegida la marca más ecológica por su amplio programa de reciclaje de productos, según el estudio GreenFactor del sector tecnológico, realizado por Cohn & Wolfe y Strategic Oxygen.

El estudio se ha llevado a cabo entre más de 3.500 gerentes, directores de tecnología y sistemas y directores de la línea de negocio, procedentes de 11 países. Ha analizado también 26 empresas del sector tecnológico para determinar la percepción de los consumidores sobre la tecnología, los productos y el marketing verde.

Otras empresas líderes en el sector como HP, IBM y Microsoft han destacado por la eficiencia energética de sus productos y por el uso de materiales sostenibles, mientras que Apple se posiciona entre las cinco primeras por un diseño de productos considerado como ecológico, según los consumidores encuestados.

De este modo, Dell se coloca en el número uno, desplazando a HP al número dos del ranking. Coincidiendo con la encuesta anterior, ninguna empresa se posiciona como un claro líder global en ecología y las diferencias estadísticas entre las compañías son muy pequeñas.
GreenFactor es el primer estudio que recoge y documenta los factores ecológicos que influyen en la compra en el sector tecnológico y qué compañías son percibidas de forma positiva por los consumidores por ese motivo. El estudio señala dos bloques de atributos que los consumidores utilizan para juzgar a las compañías: los relativos a Producto y los de Operaciones

martes, 7 de abril de 2009

Buenas prácticas......................en la acuicultura

El desarrollo de la acuicultura en el mundo tiende a desarrollarse más rápidamente que otros sectores industriales, como respuesta al aumento de la demanda de productos del mar, que se incrementa en proporción a la población humana, han señalado desde la organización medioambiental. Así, se presenta como una actividad con una gran capacidad para generar empleo y que puede contribuir a aliviar la presión "que se ejerce sobre los recursos marinos, que hoy en día demuestran un marcado agotamiento".


En este sentido, han denunciado que es necesario que los actores implicados en este sector deben buscar soluciones para mantener la viabilidad del sector económico, garantizar la seguridad alimentaria y el bienestar de los animales, al mismo tiempo que se de respuesta a los retos medioambientales.


Creada en 1948, la UICN es la mayor red medioambiental a nivel mundial y congrega a 84 estados, 111 agencias gubernamentales, 784 ONG, 34 agencias afiliadas, 89 ONG internacionales y a unos 1.000 científicos y expertos de 160 países.


Con sede en Suiza, tiene su delegación para el ámbito mediterráneo en el Parque Tecnológico de Andalucía (PTA), en Málaga, y su misión es influir, estimular y apoyar a la sociedad con objeto de mantener la integridad de la naturaleza y asegurar el uso equitativo y ecológicamente sostenible de los recursos naturales.
Fuente: Parque Tecnológico de Andalucía